Relatos de sexo duro

De vuelta a casa, Sara dejó su mente divagar por los recuerdos que tenía de Eze. Siempre se había portado muy bien con ella y era una pena que hubieran perdido el contacto. Bien pensado, era difícil que lo recuperaran ya que su novio Luis sabía perfectamente qué tipo de amistad habían tenido ella y él: Durante aquella semana, Eze y ella intercambiaron algunos mensajes y bromas, recordando los viejos tiempos.

El chico la fue a recoger en coche a la puerta del trabajo.

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Sonrió, cuando desde el espejo retrovisor pudo comprobar que ella se acercaba. A sus 30 años, Sara tenía un cuerpo de infarto: Lucía un vestido de verano de color amarillo con tirantes bastante corto.

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Sara se metió en el coche, y Eze disfrutó con la visión de su escote al realizar la maniobra. Pudo ver su sujetador, seguramente con Push-Up debido a sus pechos no demasiado grandes, pero sí muy bien puestos. Eze tenía el cuerpo fuerte, resultado de horas de gimnasio, y su camiseta negra ajustada no hacía sino acentuar su aspecto de luchador. El chico se rio, y no tardaron mucho en llegar a su destino. Al bajar del coche, ella miró a ambos lados nerviosa, y pronto se encontraron dentro del ascensor.

Pensaba que se terminaría desenganchando y nos mataríamos. Sara se retiró un pelo de la cara y mojó los labios. Eze le miraba sonriente. Aquella casa no había cambiado mucho, y estaba limpia y ordenada, como le gustaba tenerla a Eze. Durante el café, ambos se pusieron al día de sus vidas. Sara sintió algo extraño cuando Eze le dijo que tenía novia.

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Estar en aquella casa le había recordado una etapa pasada de su vida, así como la relación que tuvo con el chico. Aquel dato le hizo sentir algo que iba entre los celos por el recuerdo y el morbo por la situación actual. Ella se mordió el labio y continuó en su empeño. Forcejearon sin hacerse daño y sin ninguna posibilidad de vencer por parte de ella. Él intentó levantarla sin hacerle daño y ella colocó sus manos sobre su pecho y con el forcejeo rozaron entrepierna contra entrepierna.


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Pronto Ezequiel dejó de pugnar, y contempló como su amiga se frotaba contra él. Sara se llevó las manos al vestido y lo acarició hasta llegar a los pechos. Una vez allí, se los apretó con las manos. Sara apoyó todo su peso sobre el cuerpo del chico, y se lanzó a besarle. Él no rechazó sus labios y las lenguas se juntaron como hacía años que no lo hacían.

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La chica se movía revoltosa sobre el cuerpo de él. Eze le dio un azotito en el culo, y subió la parte de debajo de su vestido dejando al aire sus braguitas. Sara se arrodilló y pegó cuatro lengüetazos al falo. Eze contemplaba el escote de ella mientras le chupaban la polla.

Eze se lanzó hacia sus tetas, y sin quitar el sujetador, las chupó hasta que ella se desprendió de la prenda. Ezequiel empujó con una mano la cabeza de Sara hasta guiarla a su pene. Los grandes dedos de Eze se deslizaban por su rajita y embadurnaban con los jugos que extraían su clítoris. Elevó sus piernas, le quitó las braguitas. En aquella postura toda la entrepierna de la chica se presentaba como un suculento manjar.

Ella pegó un grito de sorpresa cuando notó una lengua lijando su rajita.

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El chico disfrutaba comiéndole el coño y chupando como si de él se estuviera amamantando. Introdujo su gran dedo índice dentro de su vagina sin dejar de chuparle el clítoris. Ella gemía sin pasar disfrutando del momento.

Eze metió dos dedos en la boca de Sara, y mientras estas fruncía el ceño al saborear sus propios fluidos, el chico se apresuró a metérselos por el coño. Los dos dedos entraban y salían como si quisiera hacer un piquete de ojos. Sara agarró aquel gran pene y lo colocó en la entrada de su vagina.


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Se la metió poco a poco hasta que se amoldó a ella. Empezó un cabalgar, que poco a poco, se convirtió en saltos desbocados. Ella le respondió con gemidos. Su blanco cuerpo contrastaba con el tostado moreno de él. Eze le agarró de las nalgas y le ayudó a cabalgarle. Sus tetitas saltaban casi frente a la cara del chico, que empezó a gemir con voz gutural. Sara se dejó caer sobre su amigo. Se besaron con pasión mientras que él se la metía a fuerza de golpes de cadera. Eze la abrazó y ella se agarró como un mono a su cadera. Pasando las piernas por encima de los brazos de él, y enganchada por el pene, Sara no se soltó del cuello del chico a sabiendas de lo que se le venía encima.

La imagen de un picador, clavando la puya con saña, me había venido a la mente en ese instante. Así lo sentí. Con violencia. Estos pensamientos, Hola, antes que anda quiero contarles que es mi primer relato y espero q tengan un poco de paciencia al leerlo, les cuento que soy soltera tengo 31 años, físicamente no estoy nada mal mido 1,65, delgada 57 kg, ojos verdes, rubia y de piel blanca.

Lo que les voy a contar es algo que paso hace poquito, Es una historia totalmente real en la que relato la primera vez que le reventé el culo a mi novia. Primero comenzaré describiendo a Eva.

NEGRO METEME SOLO LA MITAD TODO NO LO AGUANTO AY AY NEGRO SACAMELO LO TIENES MUY GRANDE

Ella es castaña clara con el pelo rizado y bastante largo hacia la mitad de la espalda. No es increíblemente Bea, como así la gustaba que la llamaran Beatriz , trabajaba en la Oficina de Correos de una provincia cercana a Madrid. Era una muchacha de unos 24 años aproximadamente, muy delgada, pero tampoco muy alta, lo que la hacia una chica proporcionada, con las formas muy marcadas, morena, tanto su mirada, Yo soy el regalo!